Sobre la Independencia Científica y Tecnológica

21/08/2015

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La informática y la telefonía celular, dos ejemplos muy cotidianos de reciente data en la historia tecnológica de la humanidad, son un fenómeno que apenas a finales del s. XX (siglo pasado) nos heredó sus paradigmas. Miembros en el día a día de la sociedad actual, por lo novedoso que son, poco tiempo nos han dado a quienes habitamos en el mundo para estudiar algunas de sus obvias y otras no tan obvias funcionalidades que tienen sus diseños de fábrica.

En estos diseños, se toma casi siempre la previsión de dejar la mayor cantidad posible de secretos de fabricación, generando así lo que en el movimiento del Software Libre se le llama “conocimiento denegado”.

Casi cualquier producto electrónico fabricado en los últimos 10 años posee componentes de hardware y de software de los cuales nos está prohibido saber cómo funcionan. No lo saben las fábricas que ensamblan los dispositivos, ni las universidades que intentan graduar profesionales serios, conocedores de estas áreas.

Esta situación atrofia el acervo científico de cualquier nación y vulnera dramáticamente la soberanía de cualquier estado y por tanto la autodeterminación de sus pueblos y sus gobiernos. En lo individual este problema compromete definitivamente la privacidad y el verdadero control de la tecnología que se usa a diario.

Nuestras fábricas no tienen las especificaciones o tienen muy vaga y genérica información sobre los componentes que ensamblan. Ninguna universidad puede estudiar cómo funcionan gran parte del hardware y del software con el cual enseña informática y electrónica. Es imposible ser experto en un área del saber en estas condiciones.

Quienes programan computadoras y hacen sistemas informáticos tienen un dicho que se usa cuando hay premura en tener (y mostrar) resultados: “si quieres un muchacho debes saber que nueve mujeres embarazadas no dan a luz en un mes”. Para lograr una independencia científica y tecnológica es necesario contar con un acervo propio en ambos ámbitos. Con excepciones eso casi no existe y está en nuestro deber comenzar a cultivarlo.

Nuestros adormecidos y oxidados modos de enseñanza han instaurado un pudor generalizado para hablar de “la ciencia” y los tecnólogos formados en la tradición la han aprendido a ver como algo ajeno, abstracto e inalcanzable.

Toca despertarnos de ese letargo: no por decreto, sino por motivación y por convicción. Sólo así podemos hablar de independencia en un área tan dependiente del siglo XXI.



Un comentario a “Sobre la Independencia Científica y Tecnológica”

  1. Como de costumbre, Octavio, interesante el problema que planteas. Pienso que la solución tal vez sea que, como consumidores empecemos a dejar de preferir esos productos pero… ¿Cuántos consumidores son/somos realmente conscientes de lo que consumimos? No es que seamos unos despreocupados y negligentes, sino que la vida se desenvuelve en todas direcciones y, muchas veces (y a muchas personas) no les es posible o derechamente, no les interesa, aprender sobre todas las especificaciones de las cosas que tienen. En el caso de los desinteresados, poco o nada se podrá especular; en el de los imposibilitados, asumiremos que existe la intención pero, por ejemplo, si necesito un celular esta semana ¿realmente podré dedicar todo el tiempo necesario a estudiar cual es más conveniente y modificable? lo más probable es que no. Vivimos más rápido de lo que podemos entender, eso es lo que pienso, finalmente.

    Saludos!!
    Camilo Villavicencio.

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