Siempre había querido viajar por los países cercanos a Venezuela y he tenido la oportunidad este mes de hacer una trayectoria bien interesante que hice en bus desde que salí de Caracas el 28 de Octubre a las 8:00pm hasta que pisé mi casa el pasado 22 de Noviembre a las 11:30pm derrotado del cansancio y feliz por la oportunidad que me dio la vida.
El pasado 27 de Octubre salí junto con Angélica desde Maracaibo a Barquisimeto a dejarle el carro a mi hermano que tiene un taller mecánico y me lo deja mucho mejor que cuando se lo entrego siempre. De allí salí a una reunión de trabajo en Caracas para dirigirme esa noche hacia San Cristóbal. Allí nos encontramos con [comanche], Jruiz y Yadelsi para tomar otro bus hacia la frontera en San Antonio del Táchira.
No fue tanto lío salir de la frontera, pero fue mera casualidad en esos días en las cuales el paso estaba cerrado y fue un rollo no haber sellado el pasaporte de salida en ese momento, Sucedió que por casualidad en el momento que preguntaba a los guardias sobre el paso que estaba cerrado había un reportero de una televisora local y me enteré en el almuerzo ese día viendo TV que había salido unos segundos en el noticiero, mientras veía pa los lados sin saber qué hacer de aquél lado del río.
En Cúcuta participamos en las JSL. Con la excepción de que tuvimos que cubrir el hospedaje (siendo ponentes) puedo decir que fue un evento muy bonito y de gran valor de experiencia para mi. Vi la forma en la cual se relacionan las comunidades y grupos en COLIBRI y aprendí de la forma en la cual se organizan y hacen cosas como colectivo. La última Noche antes de salir de Cúcuta pernocté en casa de Richard Mendoza, uno de los líderes del Grupo de Usuarios GNU de la UDES.
En las JSL conocimos a un compañero de lucha con el cual tuve bastante empatía llamado Offray, quien luego sería mi anfitrión (pues nos hospedó en su apartamento) en nuestra próxima parada: Bogotá.
Bogotá es una ciudad muy hermosa. Es como Mérida con esteroides. Tuve la oportunidad de encontrarme con mi hermano y consejero de la FSFLA Andrés Castelblanco quien también ayudó a mostrarme varios lugares insignes e importantes de la capital de ese país. De verdad esa es una ciudad muy bonita y próspera. Me informaron que las afueras y en algunos lugares de ese país la tranquilidad no se respira igual, pero en lo que respecta a mi estadía en esa ciudad puedo decir que fue más que agradable y emocionante.
De allí me dirigí a Pasto, donde di una charla en una universidad local y el día siguiente me dirigí a lo que fue lo más complicado del viaje: pasar la frontera de Colombia hacia Ecuador, siendo un veneco. Esta experiencia fue, digamos, “preocupante”. Me tocó un policía como los hay muchos en Venezuela de los que uno puede decir sin temor a emitir un falso testimonio: “es un matraquero profesional”. Desde que el tipo nos vio caminar sobre el puente fronterizo se dijo “salió mi número… par de gringos y yo pelando”. Las habilidades de tacto y firmeza de Angélica y las mías propias sirvieron para salir ilesos, pero fue muy desagradable el registro mi-nu-cio-so de las maletas y esa actitud déspota que todos alguna vez hemos experimentado cuando un guardia anda muy dedicado a obedecer órdenes que llegan muy cerca a reñir con los derechos humanos. Le regalé al final una chapita de gnu.org.ve por dos razones: una, para que supiera lo que es luchar por una causa justa y la otra razón, porque yo a esa gente le pago con chapas, siempre.
Tres veces más nos detuvo la guardia en Ecuador y a la tercera le dije a la oficial (era una mujer): “Disculpe, yo se que este es su trabajo, pero esta es la tercera vez que nos hacen desarmar todo el equipaje”. Después de narrarle sobre las dos veces anteriores se limitaron a pasarnos unos perros entrenados anti-drogas por las dos maletas (los pelos quedaron sobre toda la ropa) y nos dejaron seguir.
Logramos entonces pasar la frontera hacia territorio ecuatoriano. Todo ese día transcurrió en un viaje que culminó en Quito, donde nuevamente un hermano y consejero de la FSFLA me recibió: Quiliro. Con su guía conocimos la ciudad y sus alrededores. Entre ellos puedo subrayar una maravillosa localidad llamada OTAVALO. Es un increíble lugar donde se realiza un mercado indígena donde se exponen verdaderas obras de arte locales hechas en piedra, madera, textiles, papel, maiz y cuanto material sea posible trabajar. Las artesanías allí son reales manifestaciones artísticas de ese pueblo y ese país. Son de una muy buena hechura y contenido cultural. Visité también el centro del mundo y la ciudad de Ibarra, donde di una charla antes de regresarme a la frontera de nuevo para ir poco a poco (a un promedio de 80km/h) acercándome de nuevo a mi país. La salida de Ecuador hacia Colombia fue sin penas ni glorias. Como quien ve llover nos vieron los guardias del lado colombiano al cual accedimos sin manicomio alguno.
Sin embargo pasó algo que pudiera titular de “interesante”: como a las 6:00am en nuestro viaje desde la frontera sur de Colombia hacia Bogotá nos detienen los cuerpos de seguridad del estado. Empiezan a revisar prenda por prenda toooodo el equipaje (ya uno acostumbrado, pues) y en eso un guardia se pone a abrir un pote (grande, como los de mayonesa de galón) envuelto en plástico con tirro de embalaje en varias capas. Al final una bolsa plástica con una sustancia blanca dentro.
Si eso le pasa a uno aquí se haría un drama de horas detenidos y sería todo un manicomio de policías, guardias, petejotas y etcéteros. Pues se llevaron al conductor a una distancia como de 100 metros y podíamos ver con sorpresa (Angélica y yo, pues a los demás les parecía normal) que luego de unos 20 minutos de risas, caras alegres y conversación, regresaba el conductor con un papelito en la mano diciendo “hágale… que ya nosh vamosh, móntense”. Una señora que tenía al lado dijo “Ya estos hicieron su diciembre”. No supe quienes eran “estos” pero la verdad no era para ponerse a preguntar.
En Bogotá nos quedamos esta vez en casa de Andrés y su familia. Aproveché para ir a comprar libros y conseguí (por fin, después de mucho tiempo) la edición de “La Divina Comedia” de Grolier Jackson …en 20k pesos, no les llevo :-D
Finalmente decidimos partir dos noches después en un bus hasta Cúcuta donde nos esperaba Richard Mendoza nuevamente y después de aceptarle un delicioso almuerzo en su casa (hecho por su mamá) nos dirigimos prestos a San Cristóbal donde tomamos un carrito por puesto que nos dejó en el Terminal de Maracaibo. Un taxi más y culminamos el trayecto de casi 5500 kilómetros.
Grande, la América Latina, y eso que no recorrimos ni una octava parte del camino para darle la vuelta como Dios manda… algún día, por qué no, iremos llevando Software Libre y conociendo nuestro continente.

Y lo mejor de todo el viaje, fue conocer todos esos lugares contigo.
Jajaja el viejo tr0n aún pagando con chapas! Estuvo buena esa.
Por cierto saludos vieja!